Protagonismo y megaproyectos

Cuando se trata de salvar el mundo, nadie lo hace mejor que un súper héroe
Imagen: PixaBay.com
Cuando se trata de realizar acciones muy abarcadoras, la tentación de alzarse con todos los créditos siempre está presente y, lamentable por demás, es muy fácil ceder a la tentación. El síndrome del superhéroe es más común de lo que nos atrevemos a admitir, al menos públicamente.

Ante el reto de reformar la educación pública, el primer impulso es y siempre ha sido, formular acciones desde la cúpula hacia las estratas más bajas del enmarañado burocrático que compone la organización. Cada nuevo funcionario viene con su propio paquete de soluciones, sin importar si son las que hacen falta o las que se pueden llevar a la realidad. En este caso, no hacen falta ideas, sino proyectos viables que resulten en acciones reales que gocen del apoyo de todos los componente del sistema.

La experiencia ha sido y parece que seguirá siendo del mismo modo, que cada nuevo jefe viene cargado de sus propias ideas, las cuales no necesariamente responden a las necesidades reales y palpables del sistema de educación pública.

Lo peor de cada caso ha sido que se ha dejado fuera al factor clave de todo el sistema: los maestros del salón de clases. Estos representan la línea frontal de la lucha contra la ignorancia, los que tienen a cargo la formación de las futuras generaciones de ciudadanos.

Cada vez los proyectos se presentan para "nuestros niños", para la nueva escuela, el salón, la tecnología, la pizarra, la tiza y el borrador, pero tradicionalmente se ha dejado a los maestros a su suerte o, peor aún, como peones en el tablero de la educación. Las decisiones se les arrojan desde la torre de cristal del Departamento de Educación, al estilo de la milicia, en forma de órdenes ejecutivas, memorandos y cartas circulares.

Da vergüenza ese estilo de dirección. Profesionales recibiendo instrucciones como las que se les da a los niños pequeños. Ese tipo de liderazgo no duraría un solo día en la empresa privada. Afortunadamente, los maestros han resistido pasiva y desarticuladamente, divididos por la alta politización que existe entre ellos. Si un día llegaran a unificar sus fuerzas, otra será la historia.

Por el momento deberán enfrentar una nueva oleada de ideas recicladas, de proyectos inútiles y más politización, para variar...

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