Un sistema desactualizado y desarticulado

La brecha digital, las leyes defectuosas y la cultura organizacional se interponen en la ruta de la excelencia educativa
Imagen: PixaBay.com
Tecnología educativa. Además de la definición del término muy restrictivo, también es causa de vértigo en muchos profesores. La falta de dominio de las nuevas tecnologías provoca una separación muy amplia entre las destrezas de los educadores y los alumnos.

La brecha digital se presenta en la forma de una aversión hacia el uso de las computadoras, ya sea para uso personal o profesional. No es por falta de intelecto, porque es conocido que los maestros son altamente diestros en el desempeño de su profesión, de manera que las causas deben considerarse como provenientes de otra parte. Pero ese no es el tema que nos ocupa en este artículo.

El hecho es que la falta de destrezas tecnológica por parte de los profesores contrasta, de forma significativa, con el dominio que tienen los niños y jóvenes de esta generación de las tecnologías de la información. El uso de teléfonos celulares, tabletas y computadoras, portátiles y de escritorio, es algo muy natural para los chicos de hoy día.

Lo que hace más triste la historia es que, en este país, se les ha dotado del equipo de computadoras, se ha equipado a 900 escuelas con salones con pantallas interactivas y se ha adiestrado a los maestros en el uso de las computadoras. Lamentablemente, el impacto en el mejoramiento del aprovechamiento académico y la retención escolar ha sido mínimo, si acaso ha habido un movimiento en el lado positivo.

Las estadísticas del Departamento de Educación reflejan que el sistema se ha situado en los últimos diez años en el cuadrante del promedio, algo que comparte con los estados de unión americana. En términos del uso de computadoras en el aula, el estado que encabeza este rubro, Texas, reporta un 19% de uso de la tecnología en el sistema educativo. Si le aplicamos el sistema de calificaciones de la escuela pública, Texas tiene una "F" bastante convincente; de modo que ya sabemos cómo están las demás jurisdicciones.

Quizás esa sea la base para que los detractores del uso de las nuevas tecnologías de la información clamen para que se eliminen de las escuelas. Claro, esa es la ruta más simplística que se puede tomar. Pero la fiebre no está en la sábana; el paciente es otro.

Mientras tanto, debemos acotumbrarnos a ver a los pequeños genios de la tecnología, incapaces de estar en la misma página con aquellos que se suponen sean los que los guíen en el desarrollo intelectual y académico.

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