El cambio es mucho más que cambiar las tecnologías antiguas por otras modernas
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| Image: Pexels.com |
Actualmente, los sistemas de educación públicos están bajo la presión de obtener mejores resultados que los que tradicionalmente se han obtenido. Cada uno de los jugadores clave en la industria trae a la mesa sus propias soluciones, algunas simples y otras más complejas.
Los vendedores de productos de alta tecnología presentan productos que están diseñados para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje; los administradores de la escuela pública no cesan de introducir más elementos al proceso de enseñanza y, en algún rincón olvidado del sistema, a los maestros les recae toda la carga de responsabilidad y las culpas por los malos resultados.
En ese diseño institucional resulta que la pieza clave del sistema es, al mismo tiempo, la más descuidada. En la mal llamada "reforma educativa" las acciones que se promete llevar a cabo para con los maestros son muy difusas, sin estructura ni agenda. Peor aún, los proyectos que se siguen llevando a cabo, no responden a las necesidades ni a las aspiraciones de los maestros, tampoco están dirigidos a llenar las necesidades de formación de los estudiantes.
Eso es lo que está "in"
Los dispositivos tecnológicos están en todas partes. Muchas industrias dependen de ellos para llevar a cabos las tareas de negocios y, para quienes no conocen las interioridades, pudiera parecerles cosa de moda a pesar de que no es así. Entonces surgió la idea de que los sistemas de educación públicos se pusieran al día y bailaran al ritmo de la última moda.
Colocar equipo de computadoras, pizarras interactivas y los mal llamados sistemas de "eLearning" en las escuelas, no ha demostrado ser un paso en la dirección correcta, sino el equivalente altamente costoso de ir con la moda. Cuatro años y varios millones de dólares más tarde es evidente que la cosa no ha salido como se esperaba.
De vuelta al asunto de los maestros, el sistema debe aspirar a que mejoren, comenzando con mejorar las condiciones de trabajo, el clima escolar, reducir la política en la toma de decisiones, proveer los recursos y materiales para que puedan realizar sus labores y, sobre todo, gestionar de manera humana y profesional los fondos que aportan a su sistema de retiro.
Idealizando un poco más, la meta debe ser que los maestros se vuelvan a enamorar de su profesión que, más que un negocio y medio de subsistencia, es una misión vital para darle forma a la sociedad del futuro.

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