Parece que la meta de los que dirigen la educación pública es reducir los incentivos para que el sistema no funcione adecuadamente
Si fuera a describir el sentimiento generalizado que padecen los maestros, utilizaría la palabra “desencanto”. Es la sensación de que, sin importar lo que se haga, diga o piense, van a ser evaluados por resultados que están fuera de su control. Ciertamente, la forma en que se evalúa el desempeño de los maestros en particular y el sistema de educación público en general, distan mucho de la zona de alcance e influencia.
De la misma forma que los barberos no tienen control sobre la cantidad de “peludos” y calvos, los maestros no tienen control del desempeño de los estudiantes en las pruebas estandarizadas. Algo parecido a lo que decían mis abuelos, “se puede llevar al caballo al río pero no hacerlo beber agua”.
Existe una desconexión notable entre el currículo, la administración, las leyes y, finalmente, los estudiantes que se entiende que son la razón de ser del sistema de enseñanza.
La desconexión abarca varios aspectos:
- La política pública
- Los modelos administrativos
- El contenido o currículo
- La metodología de la enseñanza
La aparente falta de interés de los estudiantesSe puede invertir varias décadas adicionales buscando culpables y repartir culpas, sin embargo, podemos concluir que todos sabemos que hace falta hacer algo distinto a lo acostumbrado y encaminar la educación en la dirección correcta.
Con la falta de liderazgo en las esferas del gobierno, algo que tradicionalmente ha mantenido el sistema de educación pública en zozobra, no será posible en lograrlo en el futuro cercano.
Finalmente, hay que notar que todas esas carencias que tradicionalmente han plagado el sistema, terminan colocándose sobre los hombros de los maestros; por supuesto, “la soga parte lo más finito”.

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