La angustia de una organización decadente tiene un impacto negativo sobre educadores y estudiantes
![]() |
| Imagen: PixaBay.com |
Hace muchos años que el sistema de educación pública dejó de ser una fuerza formadora y transformadora de la sociedad. Cada administración, en su búsqueda de protagonismo ha implantado programas que no han traído verdadera innovación y, muchos menos, transformación de la forma de hacer las cosas.
Hoy se quiere que los profesores establezcan programas de educación individualizada, salones de clases invertidos o "flipped", que utilicen los sistemas de computadoras equipados con programas de aprendizaje electrónico, mientras tanto, no se atienden las necesidades más elementales que han aquejado al magisterio durante años.
El organismo de gobierno que atiende la educación pública ya ha atravesado por todas las etapas del desarrollo organizacional y se encuentra en la etapa de la irrelevancia. Luego de haber sido un pilar del desarrollo social y económico, hoy se revuelca por mantener su propia existencia.
Innovación secuestrada
Se espera que los maestros carguen con la responsabilidad del fracaso estudiantil y, de paso, con la culpa por el desacabro de las pensiones. Además se espera que sean ellos los que resuelvan el dilema de lo que el futuro le depara al sistema de enseñanza.
Pero, ¿Cómo pueden funcionar unos maestros agobiados por la burocracia enorme que demanda tanto de ellos, sin tenerlos en cuenta al momento de tomar las decisiones? ¿Quién espera que se sostenga el sistema, financiado en parte por el menguado salario de los maestros? ¿Cómo se puede esperar eficiencia e innovación cuando se sobrecarga a los profesores con tantas órdenes, advertencias y amenazas de parte del patrono?
Además, es conocido que el afán de protagonismo por la llamada innovación permanece como rehén de la administración del Estado y apenas toma en consideración las necesidades del magisterio y las aportaciones que puede traer a la mesa. Al contrario, con el cierre de planteles se les ha transformado casi en maestros itinerantes, como en los tiempos de Peyo Mercé*.
Lamentablemente, las soluciones a este dilema organizacional no proviene de la cúpula del Departamento de Educación. Quizás, con el debido liderazgo, la respuesta se halle en los mismos maestros, como ha ocurrido en varios distritos independientes en los Estados Unidos. Solo hay que esperar que tengan la iniciativa de organizarse y empezar a caminar por ellos mismos en la dirección correcta.
__________________________________
* Personaje de dos cuentos del autor puertorriqueño Aberlardo Díaz Alfaro.

Comentarios
Publicar un comentario